De Bilbao a Oviedo pasando por el penal de Burgos.
José María Laso Prieto. 2002.


Editado por Pentalfa Ediciones, 2002. 20€
Colaboran: Partido Comunista de Asturias (PCA); Fundación Horacio Fernández Inguanzo; Fundación Gustavo Bueno; Ayuntamiento de Gijón; Ayuntamiento de Oviedo


Las memorias de Laso, una lectura necesaria
Pablo Huerga Melcón

José María Laso Prieto1. Para los que como yo hemos conocido a Laso en la década de los noventa, tener la oportunidad de leer estas Memorias supone satisfacer la enorme curiosidad que siempre suscitó entre nosotros. Laso era ya entonces una figura pública de renombre en Oviedo y Asturias. Acercarse a su “taller” de la Fundación Isidoro Acevedo a conversar con él de los diversos acontecimientos políticos, a usar y abusar de su impresionante biblioteca siempre estimuló nuestra curiosidad por conocer la vida, la trayectoria de Laso.

Como profesor de Instituto, siempre he pensado que los alumnos se guían más y aprenden más de la actitud de sus profesores, del talante personal, que de los conocimientos que se transmiten, de hecho si esos conocimientos llegan a calar en su alma, no se debe más que a la forma de transmitirlos, al entusiasmo y la abnegación, la convicción y el compromiso.

Esto vale también para la relación que nuestra generación ha tenido con Laso. Nos interesa saber cómo ha ido conformando su vida, qué hizo, cómo respondió a las adversidades, cómo fue para llegar a donde ha llegado, siendo como es. Por eso, fundamentalmente, por el afán de emulación que suscita en los educandos la persona del maestro, tratamos de indagar y buscar en su existencia, su experiencia y su vida, los ejemplos con los que adquirir patrones de conducta, modos de ser que sean compatibles con el supremo fin de servir a la sociedad con compromiso, de hacerse sabios, de salir de la caverna para volver a ella de nuevo con más experiencia, con más conocimiento, con compromiso y lealtad.

Las Memorias de Laso han satisfecho en gran medida nuestra curiosidad moral, la búsqueda del ejemplo, y dan cabal idea de lo que un hombre (como dice Bueno, “he aquí un hombre”) puede llegar a hacer, de cómo puede responder ante los reveses de la vida. Su vida es un ejemplo moral del que tenemos mucho que aprender, y en este sentido, las Memorias de Laso son una obra de incomparable valor pedagógico.

Muchas de las cosas que nos cuenta, afortunadamente, las conocía ya por las diversas ocasiones en las que he tenido la oportunidad de conversar con él. Como ha sido siempre tan accesible, le pido disculpas por la infinidad de preguntas que le he hecho durante estos años, muchas, de todo tipo, y aun así, las Memorias han contestado a otras muchas preguntas que o no se me ocurrió hacérselas, o no he tenido tiempo aún de planteárselas, y como tal, al leer su libro, se nos han planteado otras muchas que espero tener la oportunidad de hacerle. Le animo además a que culmine pronto su inestimable libro de viajes.

2. La vida de Laso relatada en estas Memorias, sin embargo, no ofrece más que una leve semblanza de todo lo que ha vivido, impresionante y terrible, duro y cruel, entrañable y enormemente estimulante. Basta hacer un viaje con él para descubrir la multitud de anécdotas y circunstancias que deberían recogerse para estimarlas completas, aunque completas, como dice Bueno en el Prólogo, no pueden serlo.

Más bien se asemejan a un mapa con respecto al territorio representado, con ciertos puntos a través de los cuales puede seguirse a veces a grandes trazos, otras veces de modo más exhaustivo la trayectoria de su vida, una realidad totalmente inabarcable. Que nade intente interpretar o valorar el grado de adecuación entre las Memorias y la realidad, porque las Memorias mismas son una reconstrucción desde la realidad, que se multiplica al infinito, como ucando la cámara mira a la televisión que proyecta la imagen que la cámara toma de la televisión, etc.

Las Memorias de Laso son la historia del siglo XX desde el punto de vista de su trayectoria personal. Pero no es la vida de Laso en el siglo XX, sino la representación del siglo que Laso y millones de hombres y mujeres como él han contribuido a crear y han sufrido día a día, golpe a golpe, y muerto a muerto. El libro transita así desde un punto de vista personal, alzándose una y otra vez a vista de pájaro hacia hechos y acontecimientos lejanos, a veces inalcanzables, aunque siempre determinantes de su vida, para volver luego a ras de tierra, a darnos más detalles. La historia tiende a construir mapas, las Memorias son recorridos concretos.

Su niñez, su estancia en el Penal de Burgos, la tortura y Oviedo, son recuerdos narrados como si nos estuviera guiando a pie por las avenidas, calles y pasadizos de su propia existencia. Prueba de ello son esos curiosos comentarios como cuando advierte que del Penal de Burgos no se hizo una imagen general hasta tiempo después cuando volvió en los 80. Entró allí, como entramos nosotros con él, fugazmente, clandestino, acusado y condenado a vivir a ras de tierra y morder el polvo, a luchar entre la vida y la muerte. Y de pronto, desde allí mismo, noz alzamos al cielo para ver a Gagarin en órbita sobre la tierra, etc.

Ha viajado mucho, ha sido agitador y casi siempre responsable de propaganda, información y formación, y sus Memorias son también eso, un viaje, una visita guiada por los rincones de su vida, por los rincones personales, por las heridas abiertas de la historia de España y del Mundo, cada vez más cercanos, constantemente copresentes, codeterminantes. Por ello estamos constantemente elevándonos sobre los acontecimientos para darles una explicación histórica y teórica, para regresar a ras de tierra e incardinarlos en el tejido de su biografía.

3. Muchos han dicho de Laso que su vida es un ejemplo de constancia militante, el ejercicio supremo de una libertad “que él mismo ha convertido en una vida necesaria” (como dice Gustavo Bueno, su amigo). También sus Memorias responden a esta militancia. Las escribe para dar respuesta a todos aquellos que le preguntan y las escribe con el compromiso de explicar, aclarar y orientar no tanto a los curiosos como a los ávidos de emulación.

Creo que podrá parecer frívolo decir simplemente que su vida es admirable, sin embargo lo es, encomiable, y como tal, lo son también sus Memorias. Insto a todos “los que aspiran a lo alto”, como dirían los platónicos, a que lean estas Memorias, exentas de cualquier psicologismo, implacables en la descripción de acontecimientos que hubieran podido derrumbar a muchos hombres y de arruinar razonablemente la vida y la esperanza. A todos los que buscan como ahora mi generación está buscando, servir honradamente a su país, al mundo en el que nos ha tocado vivir y a la causa que representan los hombres como Laso. Un mundo que se aleja a fuerza del olvido, a base de la implacable práctica de la desmemoria de nuestro esencial pasado.

Agradezco a Laso que haya hecho públicas estas Memorias necesarias para nuestro país. Y agradezco más profundamente, como partícipe de mi generación, todo el esfuerzo y el sufrimiento, el trabajo y el tesón que las gentes como tú padecieron para que estemos ahora donde estamos. El olvido, el secuestro de nuestra historia a base no sólo de ocultar bajo montones de basura mediática nuestro pasado, sino de acartonarlo en libros de historia hechos a grandes trazos, y vistos desde la abstracción ominosa de las nubes, donde los individuos se convierten en pequeños puntos insignificantes (la mirada de los aviones que hoy hacen la guerra a distancia), requiere de nuevo hacer que resuenen los yunques, y ya vemos otra vez al militante incansable hacerlos sonar con el martillo de su pluma, trazando de nuevo los surcos por donde vuelven a fluir hacia nosotros las profundas aguas de la historia por las que tu generación navegó y zozobró una y otra vez, para que esas corrientes sean nuevo oleaje que sacuda nuestras conciencias, y nos haga de nuevo despertar, aprender, conocer, y saber, y actuar. Gracias a Laso y a tu generación, y al Partido Comunista de España.

Quiero felicitar también a la Editorial Pentalfa y a la Fundación Gustavo Bueno por asumir con tanto entusiasmo la empresa de la edición de estas Memorias y por hacer una edición tan cuidada e impecable. Espero que se lea este libro, porque su lectura no sólo es interesante, entretenida, estimulante, curiosísima, sino porque considero ante todo que su lectura es necesaria.

Gijón 20 de diciembre de 2002.
Pablo Huerga Melcón