Mundo Obrero. Septiembre 1996. Número especial por la muerte de Horacio Fernández Inguanzo El Paisano
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El corazón de un comunista.
Gaspar Llamazares Trigo
Horacio simboliza como pocos la indoblegable voluntad de emancipación de la clase obrera asturiana,
el ejemplo honesto e íntegro comprometido con los asturianos y asturianas y por ello con Asturias, la
enseñanza de democracia, humanismo y tolerancia de un hombre bueno en el sentido más amplio,
como lo fue "El Paisano".
La Asturias de hoy le reconoce y se reconoce en su biografía de lucha y compromiso.
Alguien que a pesar de sus muchos méritos desdeñó siempre las glosas, cortando de plano cualquier intento de resaltar una figura por encima de la acción colectiva.
De ahí que Horacio reclamase siempre que cualquier reconocimiento o distinción personal lo fuera en tanto que representante con muchos otros de toda una generación de hombres y mujeres -las más de las veces anónimos- que, arriesgando por sus ideas democráticas e igualitarias todo lo que tenían, han labrado la historia contemporánea de España y de Asturias.
Sin embargo, no es una glosa sino hacer justicia afirmar que la biografía personal de Horacio Fernández Inguanzo suma como pocas la historia del movimiento obrero español durante buena parte del siglo XX y la más reciente historia de Asturias.
Así, cuando nace Horacio en Pría de Llanes, apenas finalizada la primera década del siglo XX, hace eclosión en Asturias la clase obrera en el hacer histórico, al
destino de la cual se verá indisolublemente unida el resto de la vida de Horacio.
Es en esta misma época cuando se van configurando los enclaves y las barriadas obreras. Es entonces también cuando el movimiento obrero da los primeros balbuceos de articulación política y organizativa.
A sus 14 años, Horacio se incorpora a la marea humana que afluye y conforma las ciudades asturianas, donde comienza a trabajar humildemente, y poco después donde inicia los estudios de magisterio.
Desde entonces Horacio, como tantos hombres y mujeres que él insistió en recordar, asiste como actor ya al creciente protagonismo de los trabajadores/as en la historia de España y de Asturias.
Horacio se suma ilusionado y comprometido a la esperanza de 1931. Una esperanza compartida por trabajadores, intelectuales, hombres y mujeres del pueblo que veían en la República la perspectiva de sacar a españa de su secular atraso de democratización profunda y de superación de la injusticia.
Cuando los negros nubarrones del fascismo, que cubren Europa, amenazan la joven República española, Horacio participa con otros muchos en su defensa y une de manera indisoluble el carácter de clase y el compromiso con Asturias del movimiento obrero asturiano.
Ni la derrota de la República en la guerra civil, ni la inmediatamente posterior represión masiva del Franquismo consiguieron, sin embargo, doblegar a hombres y mujeres como Horacio. La cárcel y la tortura y la muerte, no consiguieron parar la historia eliminando a sus protagonistas.
Dentro y fuera de las cárceles gentes como Horacio Fernández Inguanzo mantuvieron intacta la dignidad de un pueblo y viva la esperanza colectiva. Dentro y fuera de las cárceles Horacio ejerció de nuevo su vocación de magisterio como dirigente comunista: enseñando y aprendiendo a un tiempo de quienes en el campo, en las minas, las fábricas o los centros de estudio hacían historia a contracorriente, rompiendo con la palabra y la acción el silencio lóbrego de la dictadura.
Dentro y fuera de las cárceles, el Partido Comunista de España recibió de hombres y mujeres como Horacio el legado inmenso de compromiso y de lucha con la democracia, con el socialismo y el comunismo y con Asturias. Un legado que comunistas como Horacio transformaron en una escuela abierta y crítica de antifranquismo y militancia democrática y progresista.
Con la Democracia, Horacio avanzará como nadie en sus tareas políticas, el vínculo con la clase obrera, recogiendo al tiempo lo mejor de su vocación docente de maestro y también lo mejor de la dura experiencia de la carcel y la clandestinidad. Horacio ha constituido en este sentido, todo un modelo de político comprometido con la izquierda y con Asturias.
Estas experiencias le facilitaron a Horacio una relación íntima y particular con los asturianos y asturianas. Con los trabajadores y trabajadoras asturianos que participaron de sus esperanzas. Con quienes masivamente sufrieron sus mismas derrotas, pero que no se resignaron y le sirvieron de refugio acogedor en tiempos duros. Con la Asturias que hoy, con su muerte, le reconoce y se reconoce en su biografía de lucha y compromiso.
Por todo esto, Horacio "El Paisano", no es tan sólo alguien a quien recordar con gratitud y con afecto. Hacer honor a Horacio "símbolo y exponente de lo mejor de nuestra historia y enseñanza de los valores que nos hacen verdaderamente humanos" es incorporar al pensamiento y la práctica del movimiento obrero y la izquierda asturiana su legado de dignidad, coherencia, integridad y humanismo.
Horacio sigue vivo en el corazón, las manos y el pensamiento de los comunistas y la izquierda asturiana.