Mundo Obrero. Septiembre 1996. Número especial por la muerte de Horacio Fernández Inguanzo El Paisano


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Prototipo de luchador comunista
José María Laso Prieto

Al presentar en Asturias su obra de memorias "Primera Clandestinidad", el histórico dirigente del Partido
Comunista Unificado de Cataluña y paradigmático luchador antifranquista, Gregorio López Raimundo
manifestó repetidas veces que consideraba al dirigente comunista asturiano Horacio Fernández Inguanzo
como el más excelso ejemplo de luchador comunista en el combate que durante cuatro décadas el Partido
Comunista de España libró por el restablecimiento de la democracia en nuestra patria.

Mundo Obrero Horacio Fernández InguanzoEs muy de lamentar que Horacio no tuviese oportunidad de escribir sus memorias de luchador ya que éstas nos hubiesen proporcionado lecciones y experiencias verdaderamente aleccionadoras. Basándose en su propia experiencia, llegaba a la conclusión de que las memorias del dirigentes comunista asturiano habrían sido, sin duda, una de las más interesantes de las hasta ahora publicadas. No obstante, el camarada Horacio Fernández Inguanzo nos legó abundante documentación, constituida por muy diversos textos políticos, notas, datos y observaciones, sobre la base de la cual podría lograrse que sus experiencias y lecciones se incorporasen activamente al acervo común del dramático historial de la lucha de los comunistas en nuestro país. De ello podría encargarse un equipo de investigadores, organizado por alguna de las fundaciones culturales comunistas, quizás en colaboración con el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo.

Entre lo más negativo de la actual situación política y cultural está la pérdida de la memoria histórica

Tal tarea de investigación y, en su momento, de publicación, es tanto más necesaria como consecuencia de un fenómeno político al que no se ha prestado la debida atención. No hemos reflexionado suficientemente, ni reaccionado debidamente, ante el hecho de que uno de los aspectos más negativos de la actual situación política y cultural española radica sobre todo en la pérdida de la memoria histórica colectiva. Pérdida no sólo derivada de los intentos que para borrarla y neutralizarla se realizaron durante los casi cuarenta años que duró la dictadura franquista -y de la forma peculiar en que tuvo lugar la transición de la democracia en España- sino también de una maniobra deliberada tendente a diluir y disipar el recuerdo de las luchas que en España se libraron -en durísimas condiciones- para lograr la recuperación de la democracia y avanzar en la senda de la emancipación social de los trabajadores. Esta pérdida de memoria histórica afecta sobre todo a las nuevas generaciones, dificultando su compresión de la situación política y social. De ahí la relevancia que adquiere el hecho de que en un órgano del Partido Comunista de España se rinda el debido homenaje a un prototipo de luchador tan ejemplar como el que constituyó Horacio Fernández Inguanzo.

Afortunadamente, en el PCE no han faltado ejemplos de luchadores sacrificados y con una dignidad y entereza comunista a toda prueba. Y no sólo entre los que realizaron el supremo sacrificio de ofrendar su vida por la causa, como es el caso de Jesús Larrañaga, el asturiano Cristino García, Agustín Zoroa, Julian Grimau, y tantos otros que se podrían citar, sino también el de supervivientes tras duras torturas y largos años de cárcel, como es el caso de Simón Sánchez Montero, Miguel Núñez, Santiago Álvarez, Sebastian Zapirain, Romero Marín, José Sandoval, etc. Sin embargo, entre quienes tuvimos oportunidad de tratarle, existe unanimidad general en considerar que en la figura de Horacio Fernández Inguanzo se producía una síntesis verdaderamente excepcional de entrega a un ideal, espíritu de sacrificio, entereza, dignidad, austeridad, modestia y dotes pedagógicas.

Si bien su vocación pedagógica inicial -reflejada en los sacrificios que tuvo que realizar para estudiar Magisterio y su actividad docente en el Orfanato Minero- se frustró por el estallido de la guerra civil española- supo sustituirla por una labor permanente de pedagogía política, que tuvo honda repercusión entre los comunistas asturianos en particular y entre los demócratas antifascistas en general.Y es que Horacio no enseñaba sólo con la palabra sino también con el ejemplo de la constante aplicación a la práctica política de sus cualidades de idealismo humanista, perfectamente equilibrado con sus convicciones propias del materialismo filosófico y su entusiasmo por la causa. El hecho de que fuese conocido cariñosamente en Asturias con el apelativo de "el Paisano", término que en la región asturiana adquiere matices entrañables difícilmente captables fuera de su ámbito geográfico, tipifica en él las cualidades de hombre bueno, entero, honesto y cabal, que sólo alcanzan personas con las que el pueblo sintoniza plenamente.

Por otra parte, tal sintonía es en gran parte producto del hecho de que Horacio realizó siempre sus heróicas tareas con la sencillez de quien se limita a cumplir el más elemental de los deberes.

Uno de los rasgos más característicos de Horacio Fernández Inguanzo fue el de su identificación con la clase obrera. Aunque por su origen social no procede directamente de la clase obrera industrial, el Orfanato Minero le proporcionó la oportunidad de entrar en contacto directo con uno de los destacamentos de vanguardia del proletariado español: los mineros asturianos. Desde entonces, el movimiento obrero fue para Horacio su constante espejo y referencia orientativa. Su austeridad, mesura y modestia proceden también de esa referencia.

Empero Horacio está muy lejos del santo o el héroe hierático o acartonado. En la medida en que se lo permitieron sus largos períodos de cárcel y clandestinidad, Horacio llevó a cabo una vida familiar entrañable y cultivó muy diversas amistades.

Todas las fuerzas políticas valoraron siempre su personalidad, más allá de los límites protocolarios.

También fue Horacio un ejemplo elocuente de la sinceridad de los comunistas al aplicar la política de Reconciliación Nacional, que superaba la divisoria de la línea que habían trazado las trincheras de la guerra civil para ser sustituida por la de quienes se aferraban cerrilmente a la dictadura y la de quienes optaban por la democracia. Todo el mundo pudo percibir que Horacio había interiorizado de tal modo el sentimiento de reconcilación nacional que ello se manifestaba en todas las facetas de su humanísima personalidad. De ahí la gran valoración que de su personalidad realizaron todas las fuerzas políticas democráticas de Asturias y que alcanzó su expresión más sentida al producirse su fallecimiento. Entonces el dolor por tan sensible pérdida fue general en Asturias y rebasó los límites protocolarios entre las fuerzas propias del arco parlamentario asturiano.

En contraste con los personajes que sólo sirven para los duros períodos de excepción, y al normalizarse la vida ciudadana se sienten frustrados y se automarginan, Horacio Fernández Inguanzo supo dar continuidad a su vida política actuando magistralmente como diputado popular. Al contrario de los denominados "diputados cuneros", Horacio recorrió Asturias por carreteras, caminos y "caleyas", recogiendo los problemas, inquietudes y demandas de sus paisanos, para llevarlos al Parlamento y luchar enérgicamente para que se lograsen sus aspiraciones. Fue una forma más de demostrar sencillamente su ejemplaridad, en una situación de normalidad democrática